"A los pueblos es necesario enseñarlos a amar y agradecer, así se les enseña a ser buenos y dignos –buenos, cumpliendo sus altos destinos en la constante elaboración por el perenne reclamo del progreso, trabajando, y dignos, rechazando con energía todo lo que pueda lastimar sus más caros intereses, su nombre y su historia.
Y no se puede conseguir eso sin el ejercicio de actos que le formen la conciencia verdadera de sus deberes sacratísimos cumplidos, que le dan prerrogativa del derecho natural para presentarse majestuosamente, a recoger la medalla obligada del merito, consideración, respeto y amor que la exposición permanente y universal de la civilización humana va repartiendo con exquisita equidad desde Cristo a nuestros días."
Máximo Gómez.

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